No mediaré palabra alguna. Dejaré
que actúe el silencio. La inacción, entonces, será acción. Los silencios
volubles y las treguas impuestas serán gritos que romperán cristales. Estos silencios
estarán tan llenos de tantas cosas que estallarán por todas partes dinamitando
todo lo que se encuentren a su alcance. Y ya no se dirá; entonces dios creo la
palabra. Ella ya estaba creada y junto a ella habitaba el silencio. Se compenetraban
bien aunque en ocasiones les costaba distinguir y respetar los márgenes. El caos,
omnipresente, contribuyó al desfase, la ambigüedad y la hipocresía. Era justo
entonces cuando el silencio entró en acción. Un silencio armado y potente.

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