Trazamos unas líneas
diminutas, así, desdibujadas. Se antojan jeroglíficos incomprensibles pero a la
vez significan todo y nada. Habrá quienes las identifique con un haikú, o
quienes lo hagan con un tres en raya o un ajedrez. Parecen rejas en vez de
rayas como las de los pasos de cebra y están ahí en todas partes aunque
cerremos los ojos. No solo permanecen en el lenguaje sino que ni tan si quiera
se pueden tocar, etéreas, permanentes. A veces me gustaría cerrar los ojos y
pensarme en otra dimensión, seguramente sin rejas, soñar, por el momento, es
gratis, aunque esto solo es una ilusión, no llega ni a utopía. Las barreras
aunque se las combata muchas siguen estando. Y a veces, solo a veces, me gustaría
cerrar los ojos y no tener que enfrentarme a ellas.

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