viernes, 11 de abril de 2014

La huida...

Que poco espíritu de feminidad que no me hayas ayudado a descolgar la ropa, ha dicho mi padre hace unos momentos.
Ahora que tienes tiempo podrías aprovechar para ir a depilarte, a modo de sugerencia y con tonito simpaticón ha pronunciado con toda naturalidad mi madre esta mañana.
Tienes más bíceps que yo, comentó ayer a la tarde mi hermano –yo iba en tirantes- con segundas por mis quilos de más, evidentemente. Seguido de un: tienes que cuidarte, que poco te quieres, que no haces deporte, eres una marrana –por tirarme cuescos, eructos o demás sonidos naturales no aceptados socialmente en público-, siempre vas a contracorriente -si lo cuestiono casi todo, vamos por lo menos lo que considero que va en contra de mis principios como persona, todo lo que encaja y está bajo la etiqueta de lo aceptado por la sociedad binaria, heteropatriarcal-nacional-catolicista con todas las fobias habidas y por haber-, es que eres rarita de cojones siempre llevando la contraria  -suspiro y digo gracias con una mueca ambigua-.
El pan de cada día, diarrea mental, prefiero no hablar para no escuchar idioteces, ¿qué harás cuando acabes la carrera? Me ha preguntado hoy mi padre, no sé igual paso una temporada en el país vasco, a la respuesta le ha seguido un silencio prolongado con una cara inexpresiva, como respuesta suya a la mía.
Me arrastro llevando cadenas invisibles atrapada en la imposibilidad de progreso -personal no económico- ansiando una libertad que se antoja imposible debido a la mierda de sistema capitalista, consumista y todas las etiquetas ya mencionadas.

Ganas de hacer puenting sin seguridad en aumento, de coger un avión con destino a donde sea con lo puesto, desaparecer…

No hay comentarios:

Publicar un comentario