Que poco espíritu de feminidad que no me hayas ayudado a descolgar
la ropa, ha dicho mi padre hace unos momentos.
Ahora que tienes tiempo podrías aprovechar
para ir a depilarte, a modo de sugerencia y con tonito simpaticón ha
pronunciado con toda naturalidad mi madre esta mañana.
Tienes más bíceps que yo, comentó ayer a la tarde mi hermano –yo iba
en tirantes- con segundas por mis quilos de más, evidentemente. Seguido
de un: tienes que cuidarte, que poco te quieres, que no haces deporte, eres una
marrana –por tirarme cuescos, eructos o demás sonidos naturales no aceptados
socialmente en público-, siempre vas a contracorriente -si lo cuestiono
casi todo, vamos por lo menos lo que considero que va en contra de mis
principios como persona, todo lo que encaja y está bajo la etiqueta de lo
aceptado por la sociedad binaria, heteropatriarcal-nacional-catolicista con todas
las fobias habidas y por haber-, es que eres rarita de cojones siempre llevando
la contraria -suspiro y digo gracias con
una mueca ambigua-.
El pan de cada día, diarrea mental,
prefiero no hablar para no escuchar idioteces, ¿qué harás cuando acabes la
carrera? Me ha preguntado hoy mi padre, no sé igual paso una temporada en el
país vasco, a la respuesta le ha seguido un silencio prolongado con una cara
inexpresiva, como respuesta suya a la mía.
Me arrastro llevando cadenas
invisibles atrapada en la imposibilidad de progreso -personal no económico- ansiando una libertad que
se antoja imposible debido a la mierda de sistema capitalista, consumista y
todas las etiquetas ya mencionadas.
Ganas de hacer puenting sin
seguridad en aumento, de coger un avión con destino a donde sea con lo puesto,
desaparecer…

No hay comentarios:
Publicar un comentario