Sus latidos, impulsos, movimientos, eran perfectos, como
sistemas y operaciones cuyas directrices ya se habían
establecido previamente. Los cuerpos, esos cuerpos abyectos que se salían de la
norma encajaban al unísono con el espacio agreste que les rodeaba y al ritmo de
música taladro- metralleta movían pequeñas partes de su ser. Pulsiones, impulsos de lobx que redescubrían el
cuerpo al jugar experimentando con él.
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