Y cuando pienso en la
inmensidad de lo exterior y en la pequeñez de lo interno…en la soledad que me
reconcome y las ansias de explosión, expansión, dinamismo infinitas…es entonces
cuando cierro los ojos y solo tengo ganas de gritar, de arrancar la ropa a
pedazos y trepar por las paredes como simios por los árboles. Habrá quien
necesite de los efectos de la droga para que se produzca este despertar de la
conciencia, la sensación de vacío, incertidumbre, sensación precipicio. Pero yo
vivo con ella, hace mucho tiempo, es casi mi hermana gemela. Establecemos, a
ratos, un diálogo muy intenso en más de una ocasión nos gritamos y esforzamos
por distinguir entre lo real y lo fantasioso, deliramos constantemente y cuando
no, simplemente, sonreímos con un resabio de amargura, sonrisas amargas que ocultan llanto. Mis pies
se mueven rápido, mi cabeza muchas veces siente que va a explotar, yo quiero a
veces un poco de paz, descansar pero mi cuerpo, en su mayoría, me pide acción,
una acción tan desorbitada y extravagante que aun no me he atrevido a
proporcionársela. Nuestra coordinación es como un precipicio y no sé si algún
día llegaré a alcanzarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario