miércoles, 24 de septiembre de 2014

Y cuando pienso en la inmensidad de lo exterior y en la pequeñez de lo interno…en la soledad que me reconcome y las ansias de explosión, expansión, dinamismo infinitas…es entonces cuando cierro los ojos y solo tengo ganas de gritar, de arrancar la ropa a pedazos y trepar por las paredes como simios por los árboles. Habrá quien necesite de los efectos de la droga para que se produzca este despertar de la conciencia, la sensación de vacío, incertidumbre, sensación precipicio. Pero yo vivo con ella, hace mucho tiempo, es casi mi hermana gemela. Establecemos, a ratos, un diálogo muy intenso en más de una ocasión nos gritamos y esforzamos por distinguir entre lo real y lo fantasioso, deliramos constantemente y cuando no, simplemente, sonreímos con un resabio de amargura,  sonrisas amargas que ocultan llanto. Mis pies se mueven rápido, mi cabeza muchas veces siente que va a explotar, yo quiero a veces un poco de paz, descansar pero mi cuerpo, en su mayoría, me pide acción, una acción tan desorbitada y extravagante que aun no me he atrevido a proporcionársela. Nuestra coordinación es como un precipicio y no sé si algún día llegaré a alcanzarla. 

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